La mujer en el proceso tecnológico.
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Las mujeres y el diseño
SE HA DESTACADO POR LA ORGANIZACIÓN Y DIRECCIÓN DE Proyectos INTERPROFESIONALES (IPROs.), LLEVADOS A CABO POR EQUIPOS DE ESTUDIANTES Y GRADUADOS DEL PRIMER NIVEL UNIVERSITARIO. TALES PROYECTOS SE PROPUSIERON COMO UN PUENTE DE COMUNICACIÓN ENTRE LOS INTERESES DE LA UNIVERSIDAD Y LOS DE LA INDUSTRIA, Y FUERON DISEÑADOS CON OBJETIVOS PEDAGÓGICOS EXPLÍCITOS Y CON RESULTADOS DE APLICACIÓN INMEDIATA PARA LOS SOCIOS INDUSTRIALES. En EL TEXTO QUE SIGUE, AL RELATAR LA EXPERIENCIA DEL IPRO REALIZADO CON LOS LABORATORIOS Y LA DIVISIÓN DE HOME IMAGING DE HEWLETT-PACKARD, LA AUTORA LLAMA LA ATENCIÓN RESPECTO DE LAS BONDADES DEL ENFOQUE INTERDISCIPLINARIO PARA LA DEFINICIÓN Y RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS DE LA VIDA REAL, ESPECIALMENTE ENTRE LOS ESPECIALISTAS DE LA SOCIOLOGÌA Y DEL DISEÑO.
Las mujeres son una minoría en el campo profesional y académico del diseño industrial. A pesar de la igualdad de oportunidades que las universidades brindan a los estudiantes, sean varones o mujeres, la profesión siegue estando dominada por los hombres. El punto de vista feminista sugiere que esta relación entre los sexos en el campo del diseño industrial reproduce el dualismo estereotípico por el cual a las mujeres se las asocia con el cuerpo y con lo decorativo, y a los hombres con la tecnología y el diseño de la naturaleza. Tal concepción implica que las mujeres tienen habilidades específicas de su sexo que determinan sus capacidades para el diseño. Ellas son, en apariencia, hábiles, decorativas y meticulosas, y por lo tanto naturalmente dotadas para ciertas áreas, como el diseño de interiores, las joyas, el bordado, el tejido y la cerámica. Este trabajo se propone explorar tres estudios sobre el rol de la mujer en el diseño, que sugieren que el diseño industrial es considerado como una profesión "masculina" y que advierten acerca de la existencia de estereotipos vinculados con el género en los contextos académico y profesional. La autora subraya que la investigación sobre los estereotipos vinculados con el género en el diseño ayudará a comprender y a dar nueva forma a la subrepresentación de la mujer en el campo del diseño industrial.
Buckley (19S9) señala que las mujeres interactúan con el diseño en un contexto patriarcal. Sugiere, además, que para analizar el papel de la mujer en el diseño es esencial realizar un estudio del patriarcado. El concepto de patriarcado de Buckley se basa en la definición de Pollock (1982), que no hace referencia a la dominación estática y opresiva de un sexo sobre el otro, sino que ve al patriarcado como una red de relaciones psicosociales que instituyen una diferencia socialmente significativa en el eje del sexo, tan profundamente arraigada en nuestro sentido mismo de la vida y de la identidad sexual que nos parece natural e inalterable. Esta definición sugiere l¿ existencia de una especie de patriarcado subconsciente dentro de nuestra sociedad. Al analizar la historia del diseño, Buckley ( l 989) teorizar que este patriarcado inconsciente ha determinado el marco de la función de la mujer como diseñadora, limitando las oportunidades que tiene de participar plenamente de todas las áreas de la sociedad y, más específicamente, de todos los sectores del diseño. Buckley cree que los historiadores del diseño han cumplido un papel importante en el sostenimiento de estas suposiciones sobre los roles y las capacidades de la mujer como diseñadora. La autora sugiere que ellos han promovido una concepción patriarcal del diseño, que valora más las actividades del hombre que las de la mujer, y que establece una jerarquía de valores y habilidades basados en el sexo. Por ejemplo, el diseño industrial goza de mayor prestigio que el tejido. Attfield (1989) indica que esta concepción prioriza la máquina (masculina) por sobre el cuerpo (femenino). Le asigna a los hombres las áreas funcionales y determinantes del diseño, como la ciencia la tecnología y la producción industrial, y ¿ las mujeres los campos más "blandos" y decorativos.
Los estereotipos femeninos resultantes, teoriza Buckley, delinean ciertas modalidades de conducta y ciertas ocupaciones como apropiadas para la mujer. Por lo tanto, se considera que las mujeres tienen habilidades específicas que derivan de su sexo y que determinan sus capacidades para el diseño. Son, en apariencia, hábiles, decorativas y meticulosas. Estas habilidades implican que las mujeres son consideradas naturalmente aptas para ciertas áreas de la producción del diseño, las llamadas artes decorativas, que incluyen el bordado, el tejido y el trabajo de joyería. Sobre la base de la investigación realizada por el grupo de Innovación en el Diseño de la Universidad Abierta desde 1979, Buckley informa que la educación británica en arte y diseño a nivel de grado demuestra esta división jerárquica y basada en el sexo entre las actividades de diseño de hombres y mujeres. La autora especula que como resultado de los estereotipos de género, pocas estudiantes mujeres de diseño industrial sobreviven hasta el final de las materias que estén fuera de los estereotipos femeninos. Ellas triunfan en las materias vinculadas con la moda y el área textil, consideradas aptas para sus habilidades, pero obtienen malos resultados en el diseño industrial, al que se considera masculino. Esta teoría femenina del diseño ofrece el marco teórico para explorar la manera en que existen estereotipos de géneros dentro de la formación en diseño. Roberts (1991) señala, cuando se refiere a la desigualdad entre los estudiantes varones y mujeres de arquitectura, que en las profesiones en las que la cantidad de mujeres es tan pequeña, las respuestas estereotipadas son comunes. Roberts sugiere también que cuando las desigualdades resultantes del género quedan expuestas, tienden a cambiar hacia un equilibrio más igualitario. Esta concepción nos permite comprender la importancia de la exploración de estos estereotipos dentro del diseño.
LA SUBREPRESENTACIÓN DE LA MUJER
La bibliografía relacionada con el género y la historia del diseño aumentó sustancialmente a fines de los años ochenta y principios de los noventa. Sin embargo, la evidencia existente que relaciona el género con el diseño en los entornos profesional y académico es insuficiente. Después de una profunda investigación, se encontraron sólo tres estudios referidos a la desigualdad de la mujer en el campo del diseño industrial en el contexto educativo y profesional. La ocupación es una dimensión importante a partir de la cual es posible categorizar los atributos del género (Deaux y Lewis, 19S4; Unger y Crawford, 1992). Aunque todas las ocupaciones están hoy formalmente abiertas tanto a hombres como a mujeres, algunos campos, como la arquitectura y la ingeniería, siguen estando dominados por los hombres. La concentración de una porción mayoritaria de mujeres en unos pocos campos es una señal del estereotipo de género presente en la ocupación. Jacohs (199S) señala que más del 7S por ciento de las mujeres recibieron sus títulos en uno de los siguientes seis campos: inglés, bellas artes, historia, economía doméstica, enfermería y docencia. Un informe estadístico más reciente del Departamento de Educación de Estados Unidos confirma la continuidad de este patrón, Shepard y Hess (1975) realizaron un estudio sobre los estereotipos en las ocupaciones y actividades, consistente en una prueba múltiple-choice sobre 43 ocupaciones y actividades relacionadas con el trabajo. Los participantes del estudio fueron niños, estudiantes universitarios y adultos. La tarea de los encuestados consistió en indicar si un hombre, una mujer o cualquiera de los dos debía realizar cada una de las tareas indicadas. Los resultados sugieren que los estereotipos de género en las ocupaciones se manifiestan en la creencia de que ciertas ocupaciones (por ejemplo, las tareas docentes o de enfermería) son ocupaciones de mujeres, mientras que otras (como la mecánica automotriz, la ingeniería o la medicina) son ocupaciones de hombres. Bruce (1985) señala, después de analizar las áreas de empleo en las que se desempeñan generalmente hombres y mujeres, que en términos amplios, todas las tareas domésticas y de atención dentro de la esfera "privada" de la familia se consideran propias de la mujer, mientras que el trabajo asalariado y económicamente productivo de la esfera "pública" se considera como perteneciente al hombre.
Una serie de estudios (Freedman, Podsakoff y MacKenzie, 1993; Shepard y Hess, 1975; St. Pierre Herendeen, Moore y Nagle, 1994) han examinado también los estereotipos de género en el terreno ocupacional. Los hallazgos de cada uno de ellos demuestran que estos estereotipos existen.
Según Whiteley (1993), el diseño industrial es una de las ocupaciones con mayor incidencia de hombres. El autor señala que sólo el 2 por ciento de los graduados británicos en diseño industrial son mujeres. El porcentaje empeora cuando se analiza a la industria del diseño, en la cual menos del uno por ciento de los diseñadores industriales son mujeres. El trabajo realizado por el Grupo de Innovación en el Diseño (DIG) entre 1982 y 1984, que encestó a cien empresas fabricantes británicas, señaló que entre las empresas que emplean entre 25 y 2.000 personas pertenecientes a un sector típico (muebles de oficina), el 72 por ciento contrataba diseñadores industriales, pero sólo una de ellas había empleado a una mujer para ese cargo.
UNA PROFESIÓN MASCULINA
En los Estados Unidos la situación no es tan extrema como en Inglaterra, pero de todos modos se percibe una amplia dominación masculina en esta profesión. Según el Departamento de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, el porcentaje de diseñadoras, que incluye a todos los diseñadores a excepción de los arquitectos, trepó del 2S por ciento al 36 por ciento en el nivel nacional en el período 1980-1999. A pesar de este contundente crecimiento, Perkins (1999) señala que el diseño industrial, a diferencia del diseño gráfico o de interiores, sigue siendo una profesión dominada por el sexo masculino. La aunira basa su percepción en dos datos estadísticos: las mujeres representan sólo el 10 por ciento de los miembros de la Sociedad de Diseñadores Industriales de Estados Unidos (IDSA), y sólo entre el 20 y el 25 por ciento de los estudiantes universitarios de grado en diseño industrial.
En la Guía de Mentores para los Estudiantes dc IDSA 2000 figuran más de 400 diseñadores industriales profesionales. Las mujeres representan sólo el ocho por ciento de esa cifra, lo que demuestra que el patrón de predominio de un género sobre otro se sigue manteniendo en esta profesión.
El Grupo DIG realizó una encuesta entre más de cien empresas británicas de diferentes sectores de la industria manufacturera, incluyendo los equipos de calefacción hogareños, los muebles para oficina y el equipamiento electrónico para la oficina (Bruce, 1985). La encuesta consistió en una serie de entrevistas con el personal gerencial senior (gerentes de marketing, gerentes de diseño industrial y gerentes generales). Los hallazgos demuestran que, en general, al trabajo de diseño industrial se lo considera como "masculino". Los entrevistados en la encuesta reiteraron la opinión de que el diseño industrial requiere la capacidad para trabajar con los ingenieros de producción, que nunca estarían dispuestos a recibir órdenes de una mujer o a escucharla. Otras respuestas frecuentes fueron que el diseño industrial requiere la capacidad para trabajar con aspectos "industriales", "sucios" o "técnicos" de la producción, que "no son para la mujer".
Al preguntársele sobre las habilidades de la mujer como diseñadora industrial, los participantes de esta encuesta sostuvieron enfáticamente que las mujeres "no tienen" o "no deberían tener" habilidades diferentes a las de los hombres. Sin embargo, en ocasiones, se dejó traslucir como que las mujeres tenían habilidades diferentes, y mejores, en cuestiones de "estilo", "color", "coordinación" y valoración del usuario final. Uno de los hombres sugirió que deberían emplearse mujeres para el diseño industrial de las cocinas, por ejemplo, dado que "tienen un conocimiento práctico de ellas y podrían mejorar el diseño en esta área".
Sobre la base de los hallazgos del DIG, Bruce sostiene la teoría de que estas actitudes y percepciones sobre los roles adecuados para la mujer y para el hombre están profundamente arraigadas, tanto cultural como históricamente, y actúan como barreras que impiden a las mujeres elegir carreras técnicas o de diseño, incluso cuando tienen el conocimiento adecuado, desean ese tipo de trabajo y sus empleadores no discriminan en contra de ellas. Bruce sugiere que estas actitudes fortalecen las ideas de que a las mujeres no se las percibe como "técnicas" y adecuadas para el "diseño industrial".
Bruce finalmente especula en el sentido de que hay pocas posibilidades de que esta situación cambie como resultado de la naturaleza de las ocupaciones dependientes del género y de los factores históricos y culturales, que actúan como barreras que excluyen a la mujer de la profesión del diseño industrial. Los hallazgos de la encuesta del DGI describen al diseño industrial como una profesión sumamente dependiente del género. Estos hallazgos son coherentes con los resultados de la encuesta del año 2000 realizada por la Asociación de Diseñadoras Industriales (AWID).
La AWID realizó una encuesta por correo electrónico entre diseñadoras que trabajan en los Estados Unidos, Canadá, Holanda e Inglaterra (Yong, 2000). La meta última de la encuesta fue descubrir patrones en la práctica profesional. La encuesta consistió en un cuestionario de preguntas abiertas relacionadas con temas vinculados con el género. Veinte diseñadoras que participaron de la encuesta informaron patrones y comentarios interesantes que sugieren la existencia de estereotipos basados en el sexo en la práctica del diseño industrial.
ESTEREOTIPOS GENÉRICOS
Según las respuestas obtenidas, la relación entre el personal masculino y el femenino de diversas empresas se inclina abrumadoramente a favor del hombre. El 70 por ciento de las participantes informaron estar trabajando en una compañía dominada por los hombres en el área del diseño. Además, los hallazgos revelan que a las diseñadoras les resulta difícil alcanzar un nivel de respeto comparable al de sus contrapartes masculinos. Se mencionaron con frecuencia actitudes basadas en estereotipos sexuales que sostienen la creencia de que las mujeres son más emotivas que los hombres y los hombres más racionales que las mujeres. También sugieren que hombres y mujeres encaran de manera diferente una solución de diseño, presuponiendo que las mujeres están menos "hechizadas por la tecnología" y muestran una mayor "sensibilidad por los materiales, los colores y la forma" (Yong, 2000).
Las encuestadas relataron incidentes de su vida laboral como diseñadoras, y brindaron interesantes comentarios de lo que describieron como concepciones estereotípicas basadas en el sexo. Por ejemplo, las participantes dijeron que por lo general recibían los proyectos "femeninos" de la compañía - relacionados con el hogar, la cocina y los niños - porque se creía que poseían habilidades propias de su sexo para resolverlos mejor. Algunas participantes dijeron además que en el entorno profesional del diseño industrial se percibía a las mujeres como "no tan talentosos" como los hombres.
En términos generales, esta encuesta demuestra la existencia de fuertes estereotipos basados en el género en las ocupaciones, habilidades y rasgos que dan forma al contexto de los profesionales del diseño industrial. Sin embargo, debería tenerse en cuenta que la muestra es pequeña dado que incluye sólo a veinte mujeres participantes y no explora la percepción del hombre hacia las cuestiones del sexo en el diseño. Por lo tanto, resulta necesario un mayor análisis de estos estereotipos. Clegg y Mayfield (1999) estudiaron el género y el diseño en el campo educativo, y concluyeron que las mujeres están subrepresentadas en el diseño de productos y muebles y sobrerrepresentadas en la moda y las joyas. Los autores creen que esta discrepancia reproduce el dualismo por el cual se asocia a la mujer con el cuerpo y lo decorativo y al hombre con la tecnología y el diseño del futuro.
Clegg y Mayfield sugieren que falta un trabajo empírico que analice en detalle las relaciones de género en las prácticas de diseño. Por esa razón, encaran el problema de la subrepresentación de la mujer en el diseño industrial a través de un estudio de caso de estudiantes que eligieron carreras de diseño en una institución de estudios superiores de Inglaterra.
La estructura del estudio estuvo destinada a que participantes de ambos sexos pudieran explicar cómo eligieron sus carreras. Los investigadores grabaron las entrevistas con preguntas abiertas. Estas entrevistas permitieron a los participantes contar la historia de su camino hacia la educación superior, poniendo el énfasis en sus experiencias educativas anteriores, sus hobbies y sus intereses para ocupar el tiempo libre. Se les formularon una serie de preguntas sobre sus expectativas y sobre su cumplimiento, en relación con las exigencias laborales y sus experiencias de combinación de ambos sexos en sus estudios. Las preguntas no dieron por supuesto que el sexo fuera un factor problemático.
Al comparar los sexos, el patrón más notable que emergió de los datos recabados fue el placer de hacer cosas o dibujar desde la niñez. Se citaron una amplia variedad de actividades prácticas diferentes. Por ejemplo, las mujeres hablaron en general de tejer, decorar la casita de las muñecas y utilizar plastilina (arcilla para modelar), lo que puso de manifiesto habilidades basadas en el sexo y aprendidas durante la niñez. Las referencias femeninas a las actividades domésticas y el tejido son especialmente interesantes.
La mayoría de los estudiantes de los talleres, y también los técnicos, eran hombres. Por lo tanto, un comentario frecuente de las mujeres que participaban de ellos, y sobre todo en el área de muebles y diseño de productos, fue que los hombres habitualmente pensaban que, porque ellas eran mujeres, no habrían de tener las mismas habilidades que ellos. Esta actitud masculina demuestra que las habilidades naturales exhiben un sesgo claramente basado en el sexo. Particularmente interesante es el comentario que hiciera una estudiante de diseño de productos al describir su incertidumbre frente a un espacio tan masculino: "Creo que muchos hombres tienen una mente más orientada a lo técnico o a lo científico que algunas mujeres". Otra estudiante de diseño de interiores explicó que "en el aspecto arquitectónico de las cosas, en el aspecto técnico, los hombres suelen ser mejores, mientras que las mujeres sobresalen más en lo que es equipamiento". Este tipo de comentarios revela que existen áreas de capacidad a las que se considera vinculadas con un sexo, lo que subraya la creencia de que los hombres y las mujeres poseen habilidades que son propias de su género y que determinan su capacidad para el diseño, sugiriendo que a los hombres y las mujeres se los considera como naturalmente aptos para determinada áreas de la producción de diseño (Clegg y Mayfield, 1999).
Clegg y Mayfield señalan que no todos los hombres de su estudio se sintieron cómodos con este punto de vista. Uno de los diseñadores de productos dijo que el predominio del hombre no es deseable. Además, uno de los estudiantes se refirió a la presencia de la mujer en el diseño de productos como deseable porque la parte artística del producto es tan importante como la técnica, lo que sigue demostrando la presencia de estereotipos de género en la asignación de habilidades.
El estudio reveló que tanto los hombres como las mujeres consideraban al diseño de interiores como más "femenino", y al diseño industrial como más "masculino".
Estos estudios sugieren que las concepciones de género existen dentro del entorno educativo y profesional del diseño industrial. Los estereotipos de género ocupacionales hacia el diseño industrial demuestran que se trata de una profesión de hombres que subraya las percepciones de que las habilidades para el diseño dependen del sexo. Resulta necesaria una mayor investigación de los estereotipos presentes en el área de diseño para comprender mejor este tema crucial, y para ayudar a resolver la escasa presencia de mujeres en el diseño industrial.
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